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Cuánto cuesta una traducción

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cuánto cuesta una traducción

Cuánto cuesta una traducción

Si algo nos gusta cuidar especialmente es el bolsillo. Por ello, a la hora de adquirir un producto o contratar un servicio, tendemos a ir siempre con el precio o la tarifa por delante y, aunque es fácil conocer el coste de un vestido, una reserva de hotel o un billete de avión, no es tan sencillo saber cuánto cuesta una traducción, sea esta jurada o no.

 

En el caso del precio de la traducción jurada, podemos decir en líneas generales que, cuando el contenido del documento es inferior a 400 palabras (por ejemplo, un título universitario o un certificado de antecedentes penales), se aplica una «tarifa mínima de traducción» que suele rondar los 30 euros (precio que puede variar en función del profesional o el idioma, entre otros factores). En caso contrario, lo más común es aplicar una tarifa por palabra, que dependerá de varios aspectos.

 

Como ya imaginarás, no hay una respuesta única y válida a la pregunta de cuánto cobra un traductor en España, pero sí puedo darte algunas pistas acerca de los factores clave que pueden encarecer una traducción y ofrecerte algunos consejos para que aumente la calidad de tu traducción sin que lo haga también el precio. ¡Allá van!

 

 

¿Cuál es el precio de una traducción? ¿De qué depende?

 

Junto con el plazo de entrega, estos son los principales aspectos a valorar:

 

El ámbito de especialidad de la traducción

 

En este caso se aplica una tarifa de traducción especializada. No es lo mismo traducir un título universitario que una patente biomédica. A mayor especialización, mayor coste. Cuanto más complejo sea un texto, más tiempo deberán destinar traductor y revisor a los procesos de documentación, búsqueda terminológica y traducción y revisión del documento, lo cual se verá reflejado en un aumento del precio.

 

El par de lenguas de trabajo

 

El idioma de origen y destino también determina la tarifa del traductor. No es lo mismo traducir hacia el inglés que hacia el japonés. Aunque esto no se debe únicamente a una cuestión de dificultad, sino también de oferta y demanda. El hecho de que haya menos traductores jurados de japonés que de inglés hace que el coste de traducir hacia o desde el idioma nipón sea superior. Por ello, a la hora de traducir un documento bilingüe, muchos clientes optan por realizar la traducción desde el idioma más extendido.

 

El formato del documento a traducir

 

El formato influye en el coste de una traducción. No es lo mismo trabajar con un PDF que con un documento en formato editable. Hay formatos, como PDF, JPEG o PPT, que dificultan la tarea del traductor por múltiples motivos.

 

Por ejemplo, el hecho de no poder editar el contenido obliga al traductor a reproducir los cuadros o tablas que en él aparecen a fin de lograr que sea lo más similar posible al original. Este aspecto se debe tener especialmente en cuenta en el caso de la traducción jurada, donde no se puede omitir ningún detalle.

 

También ocurre que, en ocasiones, el formato proporcionado por el cliente no es compatible con las herramientas empleadas por el traductor, por lo que debe convertir el documento para poder hacer uso de ellas.

 

Todo lo anterior origina una inversión extra de trabajo que, posiblemente, se verá reflejada en un aumento de la factura. No es algo estipulado, por lo que el traductor puede no aplicar recargo alguno, pero conviene saberlo, no solo porque podrás evitarte un coste innecesario, sino también porque ayudarás a agilizar el proceso de trabajo y recibirás tu traducción en menor tiempo.

 

 

¿Cómo ahorrar en una traducción?

 

Si bien no es buena idea buscar traducciones baratas, sí es bueno tener en cuenta estos factores para evitar, al menos, encarecer una traducción innecesariamente

 

 

Traducciones urgentes · Querer la traducción para ayer

 

La falta de planificación es una constante en casi todos los proyectos que llegan a nuestras manos. Si bien es cierto que, en ocasiones, los plazos vienen establecidos por algún organismo ajeno al cliente y este se ve sin tiempo de reacción (suele ocurrir con las traducciones juradas), en numerosas ocasiones la urgencia tiene su origen en la ausencia de planificación.

 

El volumen medio diario de trabajo de un traductor ronda las 2.000 – 2.5000 palabras. Y, aunque ante picos de trabajo es posible trabajar a un ritmo superior, a largo plazo resulta inviable mantener ese nivel sin que la calidad de la traducción se vea mermada (lo cual no te conviene en absoluto).

 

 

¿Cuánto cuesta una traducción urgente?

 

Los pedidos urgentes pueden llevar asimismo un recargo aplicado por varios motivos:

 

Uno de ellos es el compromiso de exclusividad que el traductor adquiere con tu proyecto, ya que se compromete a centrar todo su trabajo en tu traducción a fin de cumplir con el plazo de entrega acordado. Cuando esto sucede, lo más probable es que se vea obligado a rechazar otras propuestas de trabajo que pueda recibir en ese lapso.

 

Este recargo en el precio puede deberse también al trabajo en fin de semana o festivo. Aunque es cierto que los autónomos gozamos de una mayor flexibilidad y poder de decisión sobre nuestro tiempo, también nos gusta descansar y dedicar tiempo a nuestra familia y amigos como todo hijo de vecino.

 

Estos recargos pueden llegar a ser cuantiosos (desde un 25 % hasta un 50 %). Por tanto, planificar tu tiempo y tus proyectos (en la medida de lo posible) es, sin duda, la mejor opción. Si no improvisas y evitas ir con el tiempo justo, el coste de la traducción será inferior y su calidad superior, ya que el traductor dispondrá del tiempo que verdaderamente necesita para realizar el trabajo con el cuidado y esmero necesario. ¡Todos ganamos!

 

 

No entregar al traductor el documento definitivo

 

Nuestra recomendación es que, siempre que sea posible, nos envíes el texto definitivo desde un primer momento. En ciertas circunstancias puede ocurrir que, por querer ganar tiempo o aligerar el proceso, creas que es buena idea ir enviando un borrador con tal de que comencemos a trabajar en tu proyecto cuanto antes, mientras terminas de redactar el documento final. Pero las prisas no son buenas. Puede que ganes tiempo, sí, pero te garantizo que perderás dinero por varios motivos.

 

Cuando un texto llega a manos del traductor, este comienza a trabajar en él sin saber si sufrirá o no alguna modificación, salvo que se le notifique. Si, finalmente, el contenido del documento se altera o se suprime algún fragmento, el trabajo del traductor habrá sido infructuoso, pero no por ello dejará de facturarse.

 

Por tanto, si no organizas adecuadamente el material que necesitas traducir, es probable que termines pagando inútilmente por partes que en última instancia se eliminarán, pagando dos veces (el texto inicial y la actualización) o ambas cosas.

 

Por otra parte, el hecho de tener que revisar continuamente el documento y realizar las modificaciones pertinentes que vayan surgiendo entorpecerá el proceso de traducción e incrementará el plazo de entrega. Todo ello sin olvidar que, al trabajar con distintas versiones de un mismo documento, aumentan las posibilidades de error.

 

 

Contratar la revisión de una traducción realizada por ti también puede salirte caro

 

Con bastante frecuencia, recurren a nosotros clientes que dicen necesitar «solo» la revisión de una traducción realizada por ellos mismos, creyendo que así tanto el coste como el plazo de entrega serán menores. Grave error, amigos. En estos casos, las traducciones suelen estar tan plagadas de errores terminológicos, gramaticales y de estilo que el traductor se ve obligado a prácticamente «retraducir» el texto, es decir, reformular el contenido.

 

Y aunque pueda parecer lo contrario, resulta mucho menos laborioso realizar una traducción desde cero que deshacer y rehacer. Es muy complicado evitar que la segunda versión se «contamine» con los errores de la primera. Por tanto, el estilo y la redacción de una traducción realizada desde un primer momento por un traductor profesional siempre será mejor.

 

Asimismo, es más que probable que se aplique una tarifa de traducción, en lugar de revisión, y que el tiempo que el traductor necesite sea superior al invertido en caso de haber realizado él la traducción inicialmente.

 

 

Presta atención a mis consejos y cuidarás de tu bolsillo sin renunciar a la calidad. Ah, y recuerda: ¡cuenta siempre con un profesional!

 

¡Hasta el próximo post!

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