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Ser autónomo sin morir en el intento (I)

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Ser autónomo sin morir en el intento (I)

 

Es un hecho: ser autónomo perjudica seriamente nuestra salud mental y, en ocasiones, también la de los que están a nuestro alrededor. ¡Pero que no cunda el pánico! Hay pequeños trucos que pueden ayudar a que la vida freelance no termine con nosotros.

 

Cuántas veces habremos escuchado lo afortunados que somos por poder decidir nuestros propios horarios, trabajar en pijama o tomarnos días libres cuando nos apetezca (esto último es muy discutible). La buena vida del autónomo, dicen. Supongo que, visto desde fuera, es fácil sobrevalorar las ventajas y olvidar los inconvenientes a los que tenemos que enfrentarnos cada día: inestabilidad económica, cuota de autónomos, vacaciones no remuneradas, inseguridad laboral, etc.

 

Es cierto que el trabajo como autónomo tiene muchas ventajas, pero también es peligroso… Y no lo digo yo, lo dicen estudios como el elaborado por el Servicio de Psiquiatría del Hospital de Bellvitge (Barcelona), según el cual «los trabajadores por cuenta propia tienen el doble de posibilidades que un asalariado de necesitar una incapacidad temporal».

 

Trabajar en libertad no es tan fácil y, muchas veces, la mala gestión del tiempo, el sedentarismo, la ansiedad o la incertidumbre pueden jugarnos malas pasadas. ¿Cómo podemos evitarlo? Eso es lo que vamos a averiguar en esta y futuras entradas, en las cuales os propondré algunos consejos muy útiles para que la vida freelance no nos destroce los nervios (lo de la cartera… ya es otra historia).

 

 

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

 

Una buena gestión del tiempo es fundamental si queremos ser productivos, y una de las tendencias que reinan entre los autónomos es justo lo contrario: la procrastinación. Las distracciones cada vez son mayores: redes sociales, prensa digital, WhatsApp… Y mucho más difícil lo tienen aquellos que trabajan desde casa, donde las visitas a la nevera se repiten cada pocos minutos o, de repente, recordamos que tenemos que poner una lavadora o limpiar el baño. Cualquier excusa es buena para retrasar el momento de sentarse delante del ordenador y empezar a trabajar. Entonces, ¿cómo podemos aumentar nuestra productividad? Os dejo unos cuantos tips que estoy segura de que os van a ayudar:

 

 

Haz varios descansos

 

Hace poco leí que la concentración se pierde al cabo de 90 minutos. Por ello, conviene hacer un breve descanso transcurrido este tiempo. Pero tomarse un descanso no es sinónimo de permanecer en la silla y abrir todas tus redes sociales. ¡No! Cuando decidas hacer una pausa, aparta la vista de la pantalla (cuando fijamos la vista en algo determinado parpadeamos mucho menos y los ojos tienden a secarse), levántate, asómate a la ventana… puedes aprovechar para escuchar algo de música, comer una pieza de fruta o tomar un café. Así, cuando retomes tu actividad, tendrás la mente mucho más despejada y serás el doble de productivo.

 

 

Ten expectativas realistas.

 

Dedica los 30 primeros minutos de cada día a planificar tu jornada y no te propongas hacer más cosas de las que realmente podemos hacer en un día. Si intentamos abarcar demasiadas tareas es probable que, al final de la jornada, no nos haya dado tiempo a completarlas todas. Lo único que conseguiremos de esta manera es frustrarnos e irnos a dormir con la sensación de que nuestro día no ha sido lo suficientemente productivo.

 

 

Elabora checklists.

 

Yo, personalmente, me considero «adicta» a las listas (de tareas, pros y contras… ¡lo que se me ocurra!) y, hasta ahora, me funciona genial. Este punto está en cierta manera relacionado con el anterior. Y es que las listas son muy prácticas para planificar tu día, determinar qué puedes hacer hoy y qué harás mañana, y priorizar tareas (clave para la buena gestión de nuestro tiempo). Además, aunque pueda parecer una tontería, el hecho de ir tachando de la checklist las tareas realizadas nos refuerza psicológicamente para continuar con el resto y deja una sensación muy satisfactoria cuando ves lo conseguido (tachado) al final del día.

 

 

Elimina distracciones.

 

Hace unos meses, un amigo me dio un consejo que, desde entonces, sigo a rajatabla: ten abiertas únicamente las pestañas que necesites. Y tenía razón. Es mucho más fácil distraerse si tenemos abiertas todas nuestras redes sociales, cuentas de correo electrónico, los diccionarios y textos paralelos que has utilizado en la traducción que acabas de terminar, el periódico que has leído esta mañana y hasta tu cuenta bancaria. ¡Error! Cierra pestañas conforme vayas completando tareas. ¡Ah! Y mantén el móvil lo más alejado posiblejust in case!

 

 

Ten fuerza de voluntad.

 

Es complicado, lo sé. Pero lo más difícil es ponerse: una vez que rompes la barrera y comienzas a trabajar… ¡el resto viene solo! Si has logrado tu objetivo a base de fuerza de voluntad, concédete un premio. El refuerzo positivo siempre funciona.

 

 

Antes de finalizar, me gustaría hacer un apunte más. Es importante saber en qué momento del día somos más productivos. Hay quien rinde mejor a las 9 de la mañana y también hay quien prefiere trabajar de noche y dormir de día. Es algo completamente subjetivo, pero fundamental si queremos aprovechar al máximo nuestra jornada laboral.

 

Esto es todo por hoy. ¡La semana que viene más y mejor!

 

Hasta el próximo post.

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